No es buena idea gastar en tiempos de crisis en cosas no son necesarias o que no tienen razón de ser. Sin embargo, se puede gastar –y mucho- si se hace bajo un punto de vista racional, después de reflexionar las ventajas y, sobre todo, si se gasta para ahorrar.
Un caso que no ha sido apreciado en su justa medida lo representa la construcción del edificio de la nueva sede del Senado de la República que se está levantando en el cruce de Reforma e Insurgentes, en la ciudad de México.
Los detractores han señalado que en tiempos de crisis no debería de hacerse este tipo de obras, que es mejor destinar recursos a la seguridad o a obras de beneficio social o, de plano, ahorrarse el dinero.
Todas las opiniones son importantes y debe ser escuchadas, sin embargo los argumentos a favor y en contra de dicho inmueble deben estar contextualizadas. Aquí se trata de manifestar diez argumentos a favor del proyecto:
1. Actualmente el Senado ocupa alrededor de 65 mil metros cuadrados de espacio útil en doce inmuebles, lo que complica la prestación eficaz y segura de los apoyos al trabajo legislativo.
2. Se suprimirán gastos en arrendamiento de oficinas.
3. Se racionalizarán costos por servicios administrativos, limpieza, seguridad, telefonía y electricidad.
4. Se fortalecerá la coordinación y comunicación institucional.
5. Generará un reforzamiento de la seguridad y protección civil.
6. La propiedad del inmueble se refleja en el patrimonio institucional del Senado.
7. Una parte del costo del edificio se cubrirá con el producto de la venta de otros inmuebles del Senado.
8. Existen instalaciones de la Cámara que tienen más de 100 años y otras de más de 50, que requieren constantes trabajos de mantenimiento con el subsecuente impacto financiero.
9. La edificación en comento no es un capricho trasnochado, se materializó un proyecto que databa desde hace más de 30 años.
10. La construcción del edificio no está a cargo del Senado, sino de un fideicomiso del gobierno federal.
Hay personajes que dice que los Senadores no lo merecen, inclusive estiman costos y lo prorratean entre ellos.
No se trata de gastar o no gastar, sino de gastar bien, bajo condiciones de transparencia, racionalidad, apego a la normatividad y eficacia.
Entre lo posible y lo deseable, hay que escoger lo primero.
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